¡Y recuerda!
Tras tu reserva te daremos una guía, tanto de los lugares a visitar y las preciosas playas de los alrededores, como de los magníficos restaurantes y rincones escondidos, que no te debes perder en tu visita.
Ruta por Cádiz: de Sanlúcar y Doñana a los Pueblos Blancos y El Puerto de Santa María
Comenzar el viaje en Sanlúcar de Barrameda es asegurarse una primera impresión magnífica de la provincia. La ciudad combina historia, gastronomía y naturaleza como pocos lugares.
Un paseo por el barrio alto permite descubrir iglesias, conventos y miradores desde donde se domina la desembocadura del Guadalquivir. Pero el auténtico encanto llega cuando bajas hacia Bajo de Guía: un paseo marítimo lleno de vida, perfecto para degustar un buen plato de langostinos acompañado de una copa de manzanilla bien fría.
Dentro del casco urbano, la Plaza del Cabildo es el verdadero corazón social de Sanlúcar. Rodeada de terrazas y ambiente local, es un punto imprescindible para sentarte, observar el movimiento del pueblo y, cómo no, acercarte a Casa Balbino, una institución gastronómica conocida por sus tortillitas de camarones y una barra repleta de tapas de toda la vida.
Ya en Bajo de Guía, además de su paseo marítimo, no puede faltar una parada en «El Bigotes», uno de los locales con mayor tradición marinera. Es perfecto para degustar pescados frescos y platos típicos de la zona, siempre con ese ambiente sanluqueño tan propio.
Y para comprender de verdad el alma de la ciudad, lo ideal es completar la visita con una bodega del Manzanilla que se produce exclusivamente en Sanlúcar. El vino de Jerez en Jerez de la Frontera y alrededores es FINO sin embargo en Sanlúcar es MANZANILLA
En este caso, la Bodega Barbadillo es una elección magnífica. Ofrece recorridos por sus instalaciones centenarias y explicaciones sobre la crianza de la manzanilla, con cata incluida. Una experiencia muy recomendable para cerrar la visita con sabor local.
Desde aquí parten también las embarcaciones que cruzan el río hacia el Parque Nacional de Doñana, uno de los ecosistemas más valiosos de Europa. Dunas móviles, marismas y pinares forman un paisaje único donde se avistan aves migratorias, ciervos, jabalíes y, con suerte, el esquivo lince ibérico. Una excursión guiada es la mejor forma de conocer este entorno y entender por qué es Reserva de la Biosfera.
Después de la costa, toca adentrarse en la sierra gaditana para recorrer los célebres Pueblos Blancos. Cada uno tiene algo que lo diferencia, pero todos comparten sus callejuelas encaladas, miradores naturales y una mezcla de historia árabe y andaluza que crea una atmósfera mágica.
Arcos de la Frontera es la entrada perfecta a la ruta. Situado sobre un peñasco, ofrece vistas espectaculares del valle del Guadalete y un casco antiguo que invita a perderse.
Un poco más adelante te esperan Zahara de la Sierra, coronada por un castillo nazarí y rodeada por el embalse de aguas turquesas, y Grazalema, ideal para los amantes del senderismo gracias a su sierra y al Pinsapar, un bosque exclusivo de esta zona.
Y por supuesto, Setenil de las Bodegas, con sus casas incrustadas literalmente bajo las rocas, siempre sorprende al visitante. Tomarse un café o una tapa bajo esos enormes voladizos es una experiencia que no se olvida.
A esta ruta conviene añadir Olvera, uno de los pueblos más monumentales y fotogénicos de la sierra. Dominado por su castillo árabe y la imponente Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, su casco antiguo en pendiente es una auténtica postal. Además, es un punto clave de la Vía Verde de la Sierra, ideal para caminar o pedalear entre túneles y viaductos.
Cerca de Zahara de la Sierra también merecen visita otros dos pueblos con encanto:
Para cerrar la ruta, nada mejor que volver a la bahía gaditana y disfrutar de El Puerto de Santa María, una ciudad que combina patrimonio, playas y buena mesa.
Su casco histórico conserva palacios señoriales, iglesias y rincones con mucho carácter. La Iglesia Mayor Prioral, el Castillo de San Marcos y las antiguas casas de cargadores a Indias recuerdan la época en la que la ciudad fue un punto clave del comercio con América.
No hay que olvidar su popular tradición vinatera: varias bodegas abren sus puertas para visitar sus instalaciones y catar vinos del marco de Jerez, mi preferida Osborne.
Y si el clima acompaña —en Cádiz suele hacerlo—, las playas de La Puntilla o Valdelagrana son una opción estupenda para terminar el día dando un paseo o disfrutando del atardecer.
Tras tu reserva te daremos una guía, tanto de los lugares a visitar y las preciosas playas de los alrededores, como de los magníficos restaurantes y rincones escondidos, que no te debes perder en tu visita.